jueves, 3 de febrero de 2011

William Styron me regaló una copia de su libro La decisión de Sophie. Me hizo gracia porque sé que no me lo voy a leer, pero siempre recordaré que William Styron murió en Martha’s Vineyard. No tengo ningún recuerdo de la isla, porque nunca estuve allí, pero siempre podría preguntarle a Bill Murray, por ejemplo. No sé si debería hablarle en alguna lengua algonquina o en lenguaje de signos. Seguro que él ya no las entenderá. Creo que la última vez que le vi fue en Zombieland y de eso va a hacer ya, aunque no lo parezca, dos años. El tiempo pasa incluso para los zombies o, mejor escrito, zombis. La noche de los muertos vivientes es una fecha que todos tienen ya olvidada; George A. Romero se ha quedado ya sin tetradotoxina y, lo que es peor, sin peces globo. Parece que hemos vuelto al shogunato Tokugawa. Y de eso sí que hace ya años. Que, aunque para ustedes el que yo haya vivido siempre les haga creer que para mí los años han pasado muy deprisa, no es así. Para mí un año es tan largo como uno suyo y por eso olvido algunas cosas.

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